El ser humano es un organismo emocional. Los sentimientos y las emociones de la persona conforman la afectividad como un importante ámbio psicológico. Enevejecer implica, necesariamente vivir procesos de cambios y crecimiento. Todo cambio produce pérdidas y las pérdidas generan, en su mayoría, dolor emocional. Cada persona tiene su propia manera de enfrentarse a estas pérdidas, pero todas estas maneras estan conformadas por pensamientos, sentimientos y acciones que repercuten a nivel emocional, físico y social.
Todos envejecemos. Sin embargo, es cómo envejecemos lo que determina la calidad de nuestra vida.
En ese proceso, las emociones positivas realmente son un potente antídoto contra el estrés, el dolor y la enfermedad. Una actitud positiva puede proteger contra una mala salud en la tercera edad, de diversas formas. Por ejemplo, las personas más felices tienden a afrontar la vejez de manera preventiva, haciendo ejercicio regularmente o cuidando su descanso nocturno.
Por otro lado, este tipo de individuos es más propicio a evitar comportamientos insanos, como el tabaco. Los beneficios de ciertas elecciones en el estilo de vida cobran mayor importancia en la vejez, época en que los cuerpos se vuelven más susceptibles a la enfermedad.
Y, además, una visión optimista ayuda a combatir el estrés, que se sabe es un factor de riesgo de padecer numerosas enfermedades. Según diversos estudios, los individuos con emociones positivas más fuertes presentan niveles más bajos de sustancias químicas asociadas con inflamaciones vinculadas al estrés. Por tanto, adoptando una actitud positiva la gente puede evitar incluso algunos de los daños físicos ocasionados por el estrés.

No hay comentarios:
Publicar un comentario