miércoles, 25 de abril de 2012

Actitudes hacia el envejecimiento

El concepto de envejecimiento, como ya lo hemos visto antes, se ha ido distorsionando cada vez más con el pasar del tiempo. No su concepto en sí, sino lo que pensamos acerca de él, siendo la mayoría de nuestra concepciones ideas preconcebidas especialmente perjudiciales.
Tom Kirkwood, en su libro El fin del envejecimiento (2000) explica que las dos actitudes que más han contribuido a generar distorsiones en nuestra comprensión del envejecimiento son el fatalismo y la discriminación por razones de edad.
Cuando habla de fatalismo se refiere al sometimiento inmediato de la persona a las limitaciones que el envejecimiento trae consigo, sobre todo aquellas relacionadas con el desgaste físico del cuerpo. La persona fatalista no lucha, no se enfrenta a los cambios que el cuerpo va experimentando, sino que los acepta de una manera negativa y empieza a crear una imagen deteriorada de sí mismo. Y lo que empeora un poco más la situación es que las personas que se supone deberían ayudar a cambiar esta concepción negativa también son fatalistas incluso sin darse cuenta. Muchos familiares, amigos, socios y hasta médicos tienen la costumbre de responder "Es parte del envejecimiento, no se puede hacer nada" ante estos cambios. Claro que el fatalismo tiene una base biológica, establecida (involuntariamente) por el naturalista August Weissman, quien buscaba explicar el por qué envejecemos. Para él, "la muerte se produce porque un tejido usado no puede renovarse a sí mismo". ¿Qué nos hace pensar esto? Pues que los tejidos se gastan sin remedio, lo que hace que los sistemas se gasten sin remedio y, por ende, que nosotros nos gastemos sin marcha atrás. Pues, pensando así, ¿quién quiere envejecer, no?
Por otro lado, tenemos la discriminación por razones de edad. Como cualquier otro tipo de discriminación, consiste en la depreciación de un determinado sextor de la población, en este caso de aquellos individuos que tienen una edad avanzada. La diferencia es que este tipo de discriminación no es tan obvia como, por ejemplo, el sexismo, el racismo o la homofobia. La discriminación por edad puede tener sus extremos de violencia, pero en la mayoría de casos es bastante sutil. Frases como "yo lo hago porque tú no puedes", "no le sirvas eso porque no le gusta", "¿cómo vas a permitir que tu abuela esté haciendo eso?" no son nada raras para nosotros. Y probablemente alguna vez hasta nosotros mismos las hemos dicho. Y es que de manera casi inconsciente hemos asociado envejecimiento con debilidad y dependencia física y, peor aún, con debilidad mental.

sábado, 14 de abril de 2012

Consejos útiles para una vejez feliz

Existen adultos mayores que sí disfrutan la vejez. ¿Qué mejor que la libertad, que no tener que hacer nada si así lo desean, que poder sentarse en un mueble y ver televisión todo el día y salir a caminar solo lo necesario? Sin embargo, existe otra parte de esta población que no disfruta necesariamente esta etapa de la vida. Descuida su aspecto, se convierte en solitario, huraño, sedentario, sólo se queja. Es el pesimista eterno. Es el que en vez de aprovechar el tiempo, espera la muerte al doblar la esquina. Aquí hay algunos consejos para esos viejos que se sienten más viejos de lo que son, a los que le preguntan "¿Cree que duela morir?" y responden "Más duele vivir, joven.".

1. Cuida tu aspecto personal todos los días. Vístete bien, arréglate como antes lo hacías, como cuando ibas a tus fiestas. Qué mejor fiesta que tu vida.

2. No te encierres en ningún lado. Ni en casa, ni en tu cuarto, ni mucho menos en el baño. No juegues al preso voluntario, porque no es divertido. Sal cuando puedas aunque sea para lo más mínimo.

3. Haz ejercicio físico. Sí, estás viejo, pero aún funcionas, aún puedes levantar tus piernas y moverlas, aún puedes alzar tus brazos con cierto peso. Una caminata razonable o hasta un rato de gimnasio no te va a hacer mal. Y tú lo sabes.

4. Evita cualquier gestos o comportamiento que te haga quedar como un viejo derrumbado y aburrido de la vida. No camines con la cabeza gacha, la espalda encorvada o arrastrando los pies. ¡NO! Levántate, cruza las calles y que la gente te tire piropos mientras lo haces.

5. No hables de tu vejez, ni de lo enfermo que puedes estar. Si lo haces, al final te sentirás más viejo de lo que eres y, seamos honestos, a nadie le gusta estar escuchando historias de hospital. Así que deja de autocompadecerte si no quieres quedarte solo.

6. Se optimista. Piensa siempre de manera positiva y búscale un significado a las cosas. Se amable, gentil, ten ademanes alegres y una expresión contenta. Acuérdate, la vejez muchas veces no es cuestión de edad, sino cuestión de ánimo.

7. Se útil para ti y para los demás. No seas un parásito ni dependas de nadie. Busca qué hacer, aunque sea limpiar una cómoda o lavar tres platos. En vez de buscar una ayuda indispensable, se tú una ayuda indispensable para alguien más.

8. Trabaja con tus manos y tu mente constantemente. Cualquier actitud laboral o artística es bienvenida. Nada de pastillas para subir el ánimo, el trabajo manual es la medicina para todos tus males.

9. Mantén vivas tus relaciones. Con tus amigos, tu familia. No es que vayas a tomar como antes y hagas las locuras de antes, pero trata de divertirte tanto o más que antes.

10. No pienses que todo tiempo pasado fue mejor. No te condenes a ti misma ni maldigas el momento que estás viviendo. ¿Acaso no siempre pediste libertad? ¿Del trabajo, de los compromisos, de las tareas? ¡Ya la tienes! Disfrútala y aprovéchala al máximo, alégrate de ser parte de la vida aún.

Y ríete, ríete mucho. Ten presente que cuando naciste, tu llorabas y todos a tu alrededor sonreían. Vive tu vida de tal manera que cuando mueras, todos lloren y tú sonrías.

Acá les dejo un video interesante sobre la vejez, o la "tercera edad", realizado por la actriz de 73 años Jane Fonda, quien habla de crear una nueva concepción de la vejez basándose en su propia experiencia. Espero que lo disfruten.
http://www.youtube.com/watch?v=oFgiW1D3Qqs

Evolución psicológica de la vejez

No podemos negar que toda persona está en constante evolución. El hombre cambia, su vida evoluciona y el mundo se transforma. Tanto física como psicológicamente. Claro que existe una diferencia muy grande (y muy obvia también) entre ambos. Mientras que los cambios físicas son bastante notorios, ciertos cambios psicológicos son mucho más difíciles de distinguir, lo que muchas veces genera problemas para poder comprender a las personas. Como dije la evolución es constante, y por lo tanto en la vejez también existe una evolución psicológica que a veces no percibimos, haciendo que tampoco podamos comprender a los adultos mayores, cosa que es muy común hoy en nuestros días.

Ahora, si bien la evolución psicológica TIENE QUE darse, existen cuatro factores importantes en esta etapa que hacen posible el envejecimiento mental normal:
(1) El declive progresivo de las capacidades físicas.
(2) El declive progresivo de las capacidades mentales 
(3) El cambio en los círculos sociales (familiar, profesional, etc.).
(4) La reacción del adulto mayor antes los cambios.

Las tres primeras claramente tiene un impacto directo en la vida del adulto mayores, hasta podría decir que suceden en la mayoría de ellos de manera indistinta. Pero la última va a depender netamente de la personalidad del adulto mayor para adaptarse a los cambios, dando lugar a la evolución psicológica de cada uno. Mientras que para algunas personas la vejez es el momento de disfrutar el tiempo libre, de liberarse de compromisos laborales, de hacer un resumen de todo lo vivido reconociendo fracaso y errores; para otros la vejez  es un momento de estrés, de pérdidas, de un descenso de la autoestima y de frustración por la proximidad de la muerte. 

Como psicológicos, tenemos la labor de conducir al adulto mayor hacia una evolución psicológica correcta. Pero, ¿cómo es eso? ¿cuál es la manera adecuada de evolucionar psicológicamente en la vejez? Pues haciendo que predomina una actitud mucho más contemplativa y reflexiva, que haya una reconciliación con los aspectos negativos del pasado y una aceptación tanto de los logros como de los fracasos, de las virtudes adquiridas como de los defectos innatos. Se debe lograr la aceptación de uno mismo y aprender a disfrutar de todos los placeres que esta etapa puede brindar. En sí, debemos prepararlos (y bueno, prepararnos) para un vejez activa, enfrentando la muerte sin temor como algo natural, como parte de la vida. 

Rompiendo mitos y estereotipos


Con el pasar del tiempo se han creado muchos mitos y estereotipos en torno a temas como la vejez y el envejecimiento, que han llegado a crear una concepción errónea o distorsionada sobre la realidad de este grupo de edad. Aunque muchos de ellos se han desmentido, aún existen ciertas afirmaciones populares que, la mayoría de las veces, no tienen un fundamento científico. Veamos a continuación algunas de ellas.

Mito 1: SER VIEJO SIGNIFICA ESTAR ENFERMO
FALSO. Sí, está más que claro que envejecer implica un declive progresivo en las funciones orgánicas y psicológicas del cuerpo, lo que nos hace más propensos a enfermedades y trastornos, pero la vejez no es sinónimo de enfermedad, ni todas las personas viejas están enfermas. Es más, investigaciones varias han comprobado que más del 80% de la población entre 65 a 75 años no manifiestan signos de discapacidad. 

Mito 2: LOS ADULTOS MAYORES DEBEN ESTAR EXENTOS DE ACTIVIDADES Y RESPONSABILIDADES
FALSO. Claro que las capacidades disminuyen, pero eso no implica que no puedan realizar ninguna actividad. Todo lo contrario, hacer cosas les hace sentirse útiles y eso les ayuda a vivir más plenamente. Mejora además su estado de salud mental, pues encuentran motivaciones para continuar viviendo, siempre teniendo en cuenta que tampoco pueden realizar cualquier actividad, pero sí las necesarias como para hacer que valoricen esa etapa de su vida.

Mito 3: LOS ADULTOS MAYORES NO PUEDEN ADQUIRIR NI PONER EN PRÁCTICA NUEVOS CONOCIMIENTOS
FALSO. Como debemos suponer, los adultos mayores están obligados a aprender el uso y función de muchos aparatos que no se usaban en su juventud, como hornos, celulares, los diferentes botones de los controles, etc. Los adultos mayores SÍ pueden adquirir nuevos conocimientos, siempre y cuando cuenten con tres factores importantes: (1) actividad física regular, (2) grupo social presente y (3) confianza en sí mismos de que lo pueden lograr.

Mito 4: LOS ADULTOS MAYORES PUEDEN SENTIR DESEO SEXUAL, PERO NO MÁS.
FALSO. Otro mito es que a causa de las limitaciones físicas que puedan tener las personas mayores, esto tendría repercusión determinante en la vida sexual. La realidad señala que efectivamente hay un descenso en la actividad sexual, pero generalmente esto depende de las normas culturales, de salud o de la disponibilidad de parejas para tener sexo o romances, mucho más que de la edad cronológica. Por lo tanto, sí, se puede seguir disfrutando de la sexualidad como antes, pero con las limitaciones lógicas de la edad.

Mito 5: LOS ADULTOS MAYORES NO APORTAN NADA A LA SOCIEDAD.
FALSO. La razón de ser de este estereotipo es la creencia de que para aportar algo a la sociedad debe haber una paga a manera de retribución. Y aunque a una tercera parte (aproximadamente) de las personas mayores aún reciben alguna clase de remuneración, nos olvidamos de la otra parte de la población que participa como voluntarios a iglesias, templos, hospitales, comedores y que también proporciona una ayuda indispensable a la sociedad.

Todo esta da cuenta de lo equivocada que podemos estar con respecto a esta parte de la población, y de cómo debemos cambiar nuestra manera de ver a estas personas, enseñando a la sociedad a vivir con los adultos mayores y enseñando a los adultos mayores a vivir en la sociedad.

¿Qué es exactamente "Vejez"?

Cuando hablamos del nacimiento de la psicología como ciencia, no retrocedemos mucho en el tiempo. Comparada con las demás ciencias, la psicología es una ciencia relativamente nueva. Y si a eso, le añadimos temas específicos como la psicología de la vejez, nos vamos a dar cuenta que los estudios no datan de más de cien años. Con publicaciones como Senescencia: la segunda mitad de la vida (Stanley Hall, 1922) o Hacia una vejez joven (Mira y López, 1961) se comenzó a formar el interés por estudiar esta etapa de la vida. Pero como toda investigación, se debe comenzar con conceptualizar nuestro objeto de estudio. Lamentablemente, el término vejez no tiene una definición unánime y puede variar fácilmente de país en país, sobre todo lo que concierne a la edad desde la cual estamos viviendo la "vejez". Por ejemplo, para la Organización Mundial de la Salud, "la vejez podría definirse a partir de la edad en la que la esperanza de vida libre de discapacidades alcance un determinado número de años.", lo que de alguna manera nos sugiere que la edad en que comienza la vejez depende de cada persona y no es de carácter global. Otras investigaciones sugieren que la edad cronológica no identifica la vejez y crearon el término "edad funcional", que está determinada por la capacidad de adaptación del individuo (desde un punto de vista biológico, psicológico y social) a los distintos requerimientos para poder desenvolverse de manera autónoma por la vida, lo que también implica una edad dependiente de la persona. Sin embargo, hay otros puntos de vista con respecto a su significado. Algunos autores prefieren definir vejez según la economía y la sociedad de cada país, determinando que la edad en la que comienza la vejez es de 65 años pues esa es la edad de jubilación, pero esto no implica que llegada esta edad sucedan grandes cambios biológicos y psicológicos en el organismo. E incluso se han hecho diferencias de las edades consideradas como inicio de la vejez según el sexo, estableciéndose que es 65 años para los hombres y 60 años para las mujeres. En todo caso, estableceré un concepto único de vejez de manera que podamos referirnos a él a lo largo de las publicaciones del blog. Vejez, también conocida como ancianidad o tercera edad, es una etapa de la vida que hace referencia a la población de personas normalmente jubiladas o mayores de 65 años, y que presenta ciertos indicadores comunes ya sean biológicos (como deterioro físico, pérdida paulatina de los sentidos y de la memoria, etc.), psicológicos (como un mayor tiempo para responder a los estímulos, cambios en el comportamiento, en la autopercepción, en valores y creencias, disminución de las capacidades intelectuales y de adaptación, etc.) y sociales (como pérdida de círculos sociales, ya sean de amigos o familiares, menor productividad, etc.). Por otro lado, está el envejecimiento. Claro, que vejez no es lo mismo que envejecimiento. Vejez , como se dijo, es un ESTADO, por lo tanto tiene un comienzo en todo un ciclo, que es la vida. Mientras tanto, el envejecimiento es todo un proceso que comienza desde el momento que nacemos, por lo que podríamos decir que es, incluso, la vida misma. Con estos términos ya aclarados, podemos comenzar a profundizar un poco más acerca de la vejez y el envejecimiento.

Fuentes : Ballesteros Fernández, R.; Psicología de la Vejez.

Presentación

Cuando hablamos de envejecimiento, de vejez o de personas mayores, ¿qué es lo primero que pensamos? Realicé una pequeña encuesta y las respuestas más comunes fueron "pena", "angustia", "dolor", "inutilidad" y "soledad". ¿Por qué en la mente de las personas se asocia vejez con estos términos, todos de carácter negativo? ¿Por qué no pensamos en la vejez  como una buena etapa de la vida y no buscamos disfrutarla y aprovecharla al máximo en vez de temer tanto su inexorable llegada? Este blog busca crear conciencia acerca de estos temas, no solo dando mayor información para actualizar a las personas, sino también para romper ciertos mitos creados alrededor de ellos, de manera que se pueda crear una nueva perspectiva acerca de la vejez. Esta nueva perspectiva debe involucrar una mayor comprensión y atención hacia las personas que están pasando por esta etapa, así como una toma de conciencia de lo que involucra vivirla por parte de toda la sociedad, ya sean profesionales, inexpertos, familiares, particulares y sobre todo a las personas mayores, que son los protagonistas de estas publicaciones, y que necesitan que todos cambiemos nuestra manera de ver la vejez, para que así ellos también aprendan una de las tareas más difíciles de la vida: saber cómo envejecer.